Recursos para escritores. Legibilidad.



Como sabes, porque en la definición que se encuentra a la izquierda del blog lo digo, soy una estudiante experimentada. Llevo haciéndolo toda la vida y seguiré en ello, a pesar de que haya terminado la carrera hace años, porque soy adicta a aprender. Es una suerte que existan plataformas gratuitas como esta y esta de las que ya te hablé en entradas anteriores.

La semana pasada, terminé el MOOC de Mitos clásicos y mundo actual con el que disfruté de lo lindo repasando la mitología griega y reflexionando sobre lo vigente que está en cada paso que damos sin apenas darnos cuenta. Pero el MOOC que empecé antes de ayer sé que, además de saciar mi curiosidad, me será muy útil y quiero compartirlo contigo.

Su título es Redacción en Internet, y ya va por su segunda edición. No va sobre marketing, no va sobre ventas, no va sobre escritura en sí; sino sobre redactar en Internet utilizando todas las técnicas que tenemos a mano para que la comunicación sea lo más efectiva posible. 

En los primeros módulos, además de ofrecer una introducción, se comparten una serie de recursos de lo más útiles. Algunos ya los conocía, pero otros no tenía ni idea de si existían o de para que servían.

Un ejemplo, es el caso del índice de legibilidad de un escrito. Al parecer, en el mundo anglosajón la legibilidad se divide en dos términos (uno que define la claridad y comodidad de lectura y otro que evalúa lo comprensivo que es el texto), pero en castellano incluye las dos. Y para medir esa legibilidad, existen unos recursos muy interesantes.

Fog Index, se encarga de medirlo, pero está más orientado hacia textos escritos en inglés.

Si colocas un texto que hayas escrito en esta web y lo analizas, saldrá el índice de Gunning, que viene a ser un índice de legibilidad. La interpretación de ese dato nos dice que un texto de más de 13 puntos es demasiado complejo y solo personas con nivel universitario o de posgrado podrán comprenderte.

Sin embargo, al ser un baremo indicado para usar en inglés (cuya estructura es mucho más sencilla). El propio profesor, respondiendo a esa pregunta, mencionó que en castellano el índice debería considerarse complicado de entender a partir de 20.

Si quieres averiguar, cuán legible es un post de tu blog o un capítulo de tu libro, te recomiendo este otro índice. Esta web, que facilitó un compañero en el foro de estudiantes, no solo te da diferentes índices de legibilidad sino que también te da un cálculo sobre las veces que repites cada palabra (lo que puede darte una idea de cuándo y cómo usar sinónimos), el tiempo medio que tardaría una persona en leerlo y conteo de palabras total, entre otras cosas.


Las nueces

la mentira de conocerte a ti misma
Fuente

Reconozco haberme pasado de la ralla soltando aquí, a voz en grito, mis opiniones acerca de los profesionales que te ayudan a conocer tus pasiones, que te enseñan a ser feliz, que te enseñan a conocerte a ti misma y que te enseñan a conectar contigo.

Al parecer vamos por ahí desconectados, comemos, fumamos o vemos series compulsivamente porque estamos insatisfechos con nuestro yo interior y ya no sabemos cómo ser felices. Porque resulta que para ser feliz, hay que saber serlo.

Y esto no lo digo yo, me lo dijo una amiga que acaba de ir a un curso sobre "Cómo perdonar". Ya ha hecho, según calculo, doce cursos igual de ridículos. En el primero se conoció a sí misma con preguntas del tipo "¿qué te imaginabas de pequeña que sería tu vida a los 35?" o técnicas como mirarse al espejo (¡toma ya!). Ha hecho otro para controlar su ansiedad hacia la comida, unas 3 horas de las que volvió con un batiburrillo de citas célebres en la cabeza y una idea sobre la nutrición con la que dudo que su endocrina esté de acuerdo. Hizo otro sobre "El camino hacia la felicidad" y el único resultado, tras el subidón inicial, fue un libro que ahora rellena su estantería. Tiene más libros de lo que ella llama psicología, de los que yo acumulé durante la carrera.

Sobra decir que mi amiga no ha perdido ni un kilo, es igual de feliz que antes (osea, a ratos y momentos, como todo hijo de vecino) y es incapaz de perdonar a un familiar que le hizo mucho daño. Y mientras yo pienso "¡ole tú!. A ver por qué vamos a tener que perdonar a quién nos jode sin conciencia", ella me asegura que ir a cursos le ayuda, ¿quién soy yo para decir lo contrario?
Ni siquiera ahora que, como el curso de autoconocimiento no fue todo lo útil que esperaba, se ha comprado uno online en el que van a darle un cuaderno con preguntas para conocerse mejor.

Conocerse a sí mismo no es la panacea,  somos cambiantes como las estaciones y es imposible acceder al pasado porque tu cabeza lo va a infectar de presente. Y está bien que así sea. Nuestra mente funciona así por algo. Recordamos lo que necesitamos recordar y, si te fuerzas a evocar algún momento, lo único que vas a hacer es reconstruirlo.
Pista: Si al pensar en el pasado ves la escena desde fuera, es decir, te ves a ti desde fuera, estás reconstruyendo el recuerdo -como quién ve una película-. Si al recordar ves la escena por tus ojos, lo estás reconstruyendo también, pero una forma un poco más fiel.

"Somos muy complejos", "somos un mundo", me suele decir. Sí, es verdad. ¿Y qué? ¿Crees que vas a poder descubrirte entera como en una radiografía? ¿Y para qué vas a usar esa información? En serio, ¿para qué la necesitas? 

¿Por qué crees que mi amiga está haciendo todos esos cursos? 
¿Recuerdas cuándo te hablé del ruido?

Los avatares de la vida la han desconectado de la sociedad y se ha perdido. Trasteando por internet enseguida encontró quién prometió ayudarla y acabó pensando que lo mejor era volver a reconectar consigo misma. 

Me sigo preguntando porqué narices vamos por el mundo pensando que estamos desconectados. Desconectados ¿de qué?. ¿De nuestro corazón? ¿De nuestro cerebro? ¿De nuestros ovarios? ¿De nuestro intestino grueso? ¿De nuestro hígado, tal vez?

¿Con qué parte de nuestro ser estamos desconectados? ¿Alguien me lo explica?

Podrás decirme, si has leído algo de autoayuda, que estamos desconectados de nuestra personalidad o de nuestra conciencia. Pero, para nada. Tienes pensamientos, recuerdos, emociones... ¡Genial!  Pero ellos no te definen. ¿No es una buena noticia?
Deja de buscar las respuestas a tu personalidad o a tus emociones porque no la tienen. Deja de preguntarle a tu mente y de crear respuestas inventadas en base a lo que crees que tu yo interior te dicta. Tú, eres tú. Por dentro y por fuera. Interior o exterior. 

Lo que si es bien cierto es que si cambias lo que haces, cambiarás como te sientes. 

Si. como mi amiga, estás tan desilusionada con lo que esperabas que fuera tu vida y sientes esa necesidad que nos han vendido (pero que nadie la reconoce más allá de lo que reconocería un gamusino), escribe.

Empieza un diario en el que nadie más que tú sea la guía y, en lugar de hacer una introspección tan profunda que te vuelva los ojos del revés, obsérvate.

Escribe lo que te ocurre cada día. Escribe si te enfadaste con alguien, cómo reaccionaste, cómo te hizo sentir esa reacción. Escribe, para recordar mejor, esa comida con amigos que disfrutaste tanto y valora si, aunque fuera por un momento, pudiste sentir la felicidad sin gurús. Escribe como la practica del yoga, la meditación, salir a correr o el ejercicio que hagas, te hace sentir después. Escribe lo consciente que eres de tu cuerpo entonces. Escribe lo mal que te salieron esas galletas light sin gluten y sin lactosa y lo frustrada que estás por ello. Escribe si te has comido un fosquito, con quién, cuándo y cómo. Escribe cómo te sentiste después.
Escribe lo que creas que ha sido significativo para ti, por muy ínfimo que parezca, anotando tus emociones y pensamientos antes y después. Anotando tus reacciones o estrategias para salir de momentos de ansiedad o buscar la felicidad.
Entonces, entre el ruido vacío del mundo, serás capaz de encontrar las nueces.
Lo mejor que puede hacer un ser humano por sí mismo es quererse, cuidarse y aceptarse. Desarrollarse personalmente solo puede venir después. Deja de hacerte daño desmembrándote como una margarita. Deja de preguntarles a tus recuerdos, infectados de emociones, quién eres.

Tú sabes quién eres.

Organizar el trabajo con un lector beta

Como te contaba en la entrada anterior, necesitaba una lectora beta para mi novela Actitud Frambuesa. No podría estar más contenta con los resultados, leer vuestras propuestas me ha hecho sentir muy afortunada y sobre todo agradecida. Porque un escritor, desde mi punto de vista, no es nada sin sus lectores.

Siempre he dicho que lo mejor de escribir, además de lo muchísimo que disfruto creando, es compartirlo y que otra persona pueda darle vida de nuevo a los personajes (tal vez con otras características y con decorados diferentes a los que imaginé). Para mí, las palabras son la magia cotidiana. Todos somos magos y brujas cuando creamos algo nuevo o replicamos algo que no existe. Escribir y leer te convierte en hechicera.

Y yo ya tengo mi aquelarre preparado. 
¡Empezamos la aventura!

Lo siento por aquellos que quedasteis fuera del proceso, pero sé que en otros proyectos podremos trabajar juntos. Algunos solo sentíais curiosidad de saber cómo funcionaba ser lector beta y, para saciarla de un plumazo, prometí dejarlo aquí por escrito.




Hay diferentes métodos para sacarle provecho a ese trabajo conjunto. Algunos escritores prefieren entregar su manuscrito y esperar a que los lectores beta le den su opinión crítica y general de la obra, otros prefieren entregarles una hoja de ruta sobre en qué deben fijarse.

Si trasteas un poco, descubrirás que hay un montón de webs con recomendaciones sobre qué preguntarle a los lectores beta de tu novela. Pero mi recomendación es que, aunque puedas basarte o inspirarte en ese tipo de preguntas, crees la tuyas propias.


  • ¿Qué es lo que te interesa descubrir de tu obra?

Haz un listado de las cuestiones que quieres conocer. Dado que mi mayor objetivo es entretener, mi mayor preocupación es el aburrimiento. Por eso mis lectoras beta encontrarán varias preguntas para detectar si el ritmo es el apropiado, si sus ojos sobrevolaron sobre alguna escena sin procesar lo que allí estaba ocurriendo... Pero no es solo eso lo que me interesa. En la hoja en ruta encontrarán qué clase de conceptos sobre personajes, estilo o argumento necesito que evalúen.

Tal vez, puede que en tu caso  no te interesa saber si los personajes les caen bien o mal porque consideras que son vitales tal y cómo están para el desarrollo de la historia. O tal vez no te interese una opinión de argumento, sino que hagan un análisis de lo que han sacado en conclusión para saber si transmites lo que pretendías.

De hecho, aunque no tengas lectores beta, te recomiendo que crees tu propio listado de preguntas acerca del manuscrito para que sepas cuáles son los puntos que más te preocupan y así focalizar tu atención en ellos. El hecho de tomarte un minuto con un papel y un bolígrafo en la mano, hace que preguntas en las que nunca habías pensado llenen de dudas el proceso. Dudas útiles, que requerirá muchísimo trabajo responder y analizar, tengas ayuda o no.


  • ¿Es necesario establecer plazos?

Sí. Es muy importante poner una fecha límite. Es buena para ti, porque no quieres esperar más allá de un tiempo prudencial, y bueno para tu lector beta, porque tampoco le interesa eternizarse en una tarea. Si estableces plazos, organizarse es mucho más sencillo.

Eso sí, el plazo depende de la prisa que tengas y del tiempo del que disponen tus lectores. Mi recomendación es que pienses en el tiempo que crees que te llevaría leer un libro de esa extensión y le sumes el doble. Ese resultado será un tiempo óptimo para una lectura con calma y creación del análisis.


  • ¿Cómo organizar el trabajo?

Una vez que has tomado la decisión de si usar o no hoja de ruta y de los plazos, toca organizar el trabajo. Esta organización depende de ti, como autor debes hacerte responsable de decir al lector qué esperas de él y para cuándo. Si el lector está de acuerdo, perfecto. Si no lo está, habrá que negociar esos plazos o esa metodología adaptándola a la situación. Sea cómo fuere, una vez acordado el sistema, deberás organizarlo.

En mi caso, espero a que las lectoras me digan si están de acuerdo en mis condiciones antes de crearles un calendario personal en el que viene pautado el plazo final y otros intermedios.

En lugar de esperar a que me de su opinión al finalizar la lectura, prefiero ir recabando información semanalmente con las preguntas que desarrollé. En vez de entregarle un documento con todas esas preguntas al terminar, le envío cuestionarios semanales con algunas de ellas. De esta forma, divido el trabajo para que no sea muy cargante al final y, al tiempo, puedo empezar a analizar y mejorar mi manuscrito cuanto antes.



¿Alguna vez has usado lectores beta? ¿Te planteas hacerlo en el futuro?