Naipes


No puedo decir que me vaya mal, no sería justo, pero he perdido la cuenta de las veces que he llorado. Empiezo el año de la misma manera, entre lágrimas de añoranza y una desesperación que para pocos tiene lógica ni sentido. Lo bueno se ha hecho tan corto y lo malo... Lo malo se ha convertido en una pesada losa que cae sobre mi pecho. No tengo días mejores y peores, tengo lapsos de tiempo donde la rutina hace que el malestar se difumine y la apatía tome las riendas. Y lo prefiero, porque cuando vuelvo a conectar con mi realidad me caigo de nuevo.

La distancia hace mella, tal vez porque soy tan fuerte como un castillo de naipes. Cuando se acorta vivo, respiro. Porque ni soy tu media naranja ni una completa mandarina, soy un gajo contigo. Y tu conmigo. Al menos uno de los dos es capaz de ver a largo plazo, yo solo veo el ahora. Y ahora que no estás conmigo, muero otra vez. 

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