This is England

Nota: Entrada solo para curiosos sobre mi estancia en Inglaterra o aquellos que se estén planteando emigrar al país y quieran una perspectiva diferente a la de Españoles por el mundo. Mis disculpas por la extensión de la misma. Prometo fotos para amenizar el recorrido.

Manchester: Aquí me tenéis sin maquillaje,
con mis arrugas y mis bolsas en los ojos tras llorar mucho,
pero con el sentido del humor intacto.

Me voy a permitir a mí misma titular esta entrada como esa magnífica película de Shane Meadows (Más información aquí) para contaros un poco cómo fue mi vida hace unos meses, cómo me afectó aquello y por qué decidí volver. Y a pesar de lo personal de esta entrada no voy a entrar en muchos detalles más allá de explicaros (y hacerme entender a mí misma, ya que estamos) por qué ya no soy la misma. Tengo la absurda esperanza de que esto pueda resultar útil a alguien, pues estoy segura de que si yo hubiese leído una entrada como la que voy a escribir, nunca me habría ido. No es que pretenda dar una visión pesimista sobre la emigración en busca de oportunidades, pero intentaré que sea lo más realista posible.

Si me fui  de España es porque no veía más salidas. Soy algo fatalista por naturaleza (supongo que mis experiencias pasadas algo tendrán que ver con esto) y la situación actual parecía estar brindándonos un puente de plata para que mi pareja y yo huyésemos sin mirar atrás. Una vez tomada la decisión, creyendo que había más pros que contras, la cuenta atrás supuso una amargura para mí. Despedidas, últimas comidas en familia, lágrimas y abrazos que hicieron de esta una experiencia agridulce, y un enorme suspiro cuando el avión despegó nuestros pies del suelo. 

Tras una noche en el aeropuerto, con la ilusión como farolillo en el comienzo de una nueva aventura y, cómo no, del inicio de una vida en común con mi media langosta, llegamos a Manchester con una sonrisa que se nos fue borrando con el paso de los días. La sensación principal fue que todos los españoles de clase media (y alta, podéis creerme) habían hecho las maletas para alojarse en el mismo hostal de mala muerte (Hatters , al que enseguida apodamos Haters en honor a los diseñadores de los colchones) y con las mismas intenciones que nosotros, pero con un espíritu de Beca Erasmus que metía miedo. No voy a entrar en detalles sobre la estancia, porque sería regodearme en malos recuerdos. El tiempo (en Asturias no llueve en comparación con esa ciudad), el ambiente del albergue (donde no me meto, cada uno lleva en su maleta de viaje lo que quiere. Pero no podíamos ser más diferentes) o el de la ciudad en rasgos generales y las complicaciones de un alquiler para una pareja, nos llevaron a pensar que lo mejor era moverse por UK y buscar un nuevo lugar un poco menos húmedo.

¿Era difícil encontrar un habitación y un trabajo de mierda en Manchester? Con el tiempo no. Lo que pasa es que no podía plantearme la vida ni por un mes en un lugar así.


Liverpool: Lloviendo, pero con mejor cara.
Un lugar pequeñito y precioso
para  pasar dos días y aprendérselo de memoria.


Eso nos llevó a visitar Liverpool como alternativa pero allí sí que era complicado encontrar algo decente puesto que se trata de una ciudad más pequeña y, por lo tanto, con menos oportunidades. Por ello tomamos la decisión de irnos a Londres, el lugar que habíamos descartado por lo costoso que es el nivel de vida, pero rectificamos creyendo que habría más oferta de empleo.

¿Y qué fue lo que me encontré en la ciudad de la que estaba tan enamorada? La peor experiencia de toda mi vida.  El miedo para mí era un concepto un tanto abstracto hasta que pude ponerle nombre, forma y tamaño. Nuestro primer día en Londres fue una desgracia que espero no olvidar nunca para ver si aprendo de una vez que la aventura es para los aventureros (véase ejemplo).

Londres: Lo vi con otros ojos.
Pero Ben, sigue siendo Ben.


Londinium es una maravilla para el turismo, un regalo para los sentidos de los amantes de la literatura, el teatro, los musicales o la historia... para unos días. Pero intentar sobrevivir ahí es como intentar sobrevivir en una apocalipsis zombie. Pasarás hambre, tendrás que dormir en cuchitriles de mala muerte y te pelearás con cientos de candidatos tan universitarios como tú (pero con más idiomas, eso seguro) para servir copas o vender playeros a las órdenes de un indio (más conocidos en Inglaterra por businessman). Sobra decir que si vas con bastante dinero te ahorrarás todos esos disgustos, pero nuestros ahorros (nada miserables, la verdad) de clase media no nos permitieron más que encontrar cuevas a compartir con ratas y marranos.

¿Una visión pesimista? No. Esto es lo que nosotros nos encontramos. 

Colchester: Primera capital inglesa. 



Por suerte, después de esto (y supongo porque el Karma se sentía culpable y quería compensarnos) fuimos más afortunados.  Y es que, tras escapar del hotel en el que sentí que mi vida podría terminarse en el siguiente parpadeo (sí, así de fácil), encontramos una habitación disponible en un piso de una pareja española que nos ayudó a volver a sonreír. La verdad es que si no hubiese sido por ellos no sé qué habría sido de nosotros, así que desde aquí un millón de gracias a vosotros y a vuestra pequeña. Por ayudarnos, alentarnos y descubrirnos un modo de vida mucho más sano y lógico.

Pero ellos no fueron los únicos. El sino tiene cierta simpatía y de vez en cuando hace que un acontecimiento pasado se haga presente ante tus narices para ser el factor más decisivo de tu existencia (al menos esa semana). ¿Quién se iba a imaginar que aquel tipo de la seguridad del aeropuerto que había conocido en mis vacaciones iba a ser la luz que nos guiase en medio de un túnel sin salida? Gracias a él, mi chico y yo llegamos a Colchester y encontramos la respuesta a todas nuestras plegarias. Un pueblo pequeño, manejable, tranquilo pero con movimiento (pues allí está la Universidad de Essex) y a solo una hora de Londres (que para el caso, era como vivir en la zona 3 de la misma ciudad).

¿Sabéis que fue lo mejor de todo? Que en ese primer día en Cholchester conocimos gente, encontramos una habitación en un piso de un matrimonio albanés y mi chico consiguió una entrevista de trabajo. Increíble, ¿verdad? Eso pensamos nosotros, pero estábamos en un punto en el que la rueda de la Fortuna iba a volver a girar y, sí o sí, el cambio tenía que ser a mejor.



Colchester: Bosques comestibles.


Así, sin más, nos despedimos de nuestros magníficos caseros por 4 días en Londres, hicimos las maletas y nos mudamos a Colchester. Fue muy difícil hacerse a la idea de que íbamos a estar allí un mínimo de tiempo. A estas alturas, lo único que yo quería era volver a casa. Porque en casa de mami se está mejor, claro que sí, pero también porque empezaba a darme cuenta de que en mi vida había muchas cosas a las que no quería renunciar solo por la esperanza de un futuro empleo mejor. Supongo que hay gente que vale para ello y gente que no. Yo estoy en ese segundo grupo.


¿Fue fácil encontrar empleo en Colchester? Para mi chico sí, porque él ya había vivido en EE.UU y el inglés no suponía ningún problema ("the guy with  the american acent", oímos a unas chicas en el autobús que seguramente habrían preferido verle sin ninguna compañía); pero para mí no tanto (nivel B2, para que os hagáis una idea). No soy tan mala en inglés como pensaba, pues en entrevistas de trabajo supe defenderme. Sin embargo, no hubo suerte bien por mi parte o por la suya. Los trabajos eran la misma basura que, con un poco de suerte, también podríamos encontrar aquí.

La idea era pasarlo regulero un tiempecillo hasta que adquiriésemos la soltura necesaria para optar a mejores empleos relacionados con nuestros estudios. Pero nos advirtieron que ese tiempecillo, con un 99% de probabilidad, se convertiría en 2 o 3 años. Así que después de un mes, con algo dentro de mi cabeza que no dejaba de decirme "vete a casa", decidimos que para pasarlo mal 2 o 3 años, lo haríamos en Asturias y con nuestras familias y amigos cerca.

Colchester: Antiguas mansiones convertidas en
museos en los que disfrazarte. Eso sí, de criada.


Les añorábamos una barbaridad. Aunque influyeron mucho, no eran solo los rayos de sol, la cantidad de horas diurnas o el frío los que importaban. Estábamos empezando a crear una vida allí (con nuestros compañeros de piso iniciamos una pequeña familia), yo era consciente de cómo plantábamos la semilla y la lluvia la regaba cada día obligándola a echar raíces. Y yo no quería. Porque comprendí que para mí la vida es un puzle muy complejo donde cada miembro de mi familia es una pieza, cada amigo otra, el trabajo, los estudios... Cada pieza suma y mi puzle estaba mucho más completo antes de irme. Lo tenía casi todo. Casi todo lo que necesitaba. Y allí no me sentía con fuerzas de intentar nada.

No hubo inspiración, no hubo magia. Pero sí un gran aprendizaje. Porque además de iniciarnos en la vida paleo (para los curiosos clic) y abandonar el rollo zen y la positividad sin sentido que parecía haberme poseído meses antes, nuestra perspectiva de la situación actual, en concreto en nuestro país, ha cambiado. Hicimos todo lo que se suponía que debíamos hacer, hicimos caso a los que nos decían que estudiásemos para tener un buen empleo el día de mañana. Cuando vimos que el día de mañana ya había llegado y que ninguna de esas promesas se habían cumplido, a pesar de que nosotros sí habíamos cumplido con nuestra parte del trato, fue demasiado frustrante.

Colchester: Caramelos de piñones
para las ardillas.


Inglaterra nos enseñó que a sus jóvenes les pasaba más o menos lo mismo y que, con sus más y sus menos, habían aprendido a adaptarse porque allí siempre había funcionado de forma similar. Saben moverse de empleo a empleo de forma constante y activa. Abandonan puestos de trabajo fijos por otros eventuales en los que puedan estar más cómodos (cosa que aquí es algo realmente extraño de entender). No se hipotecan hasta estar seguros al 100% de que podrán con ello, por eso es normal ver que la mayoría de ellos no se instalan en una casa propia hasta los últimos años de la treintena o en la cuarentena misma; mientras tanto de alquiler. Hay un gran movimiento de venta de coches de segunda mano, por eso puedes encontrar un Jaguar a precios ridículos en comparación con nuestro país. La gente se mantiene en constante formación para competir, competir y ser los mejores. Y os aseguro que se creen los mejores. Más simpáticos, más guapos y más listos.

Y aquí, me vais a permitir un inciso. 

Ayer, viendo Cuarto Milenio, acuñé el término Síndrome Inglés. Se trataba de un programa repetido en el que llevaban a debate el tema de los alimentos transgénicos. A un lado de la mesa se encontraban dos científicos que avalaban con muchos datos las ventajas de estos alimentos y al otro dos caballeros que, lejos de ser científicos, presentaban argumentos en contra usando terminología que a cualquier persona que no haya estudiado ciencias biológicas se le escaparía.  
Cualquier persona que viese el debate valoraría los argumentos e intentaría contrastar información en caso de estar interesada. Yo, por deformación profesional, supongo, me centré en observar sus conductas. Los no-científicos, que sí eran profesionales en otras ramas, sabían defender su posición con las mismas armas terminológicas que los sí-científicos. Pero estos, se mostraron muy poco respetuosos en todo momento por considerar poco profesionales a estas personas. Daban por hecho que sabían menos que ellos sobre el tema (lo que probablemente era cierto), pero no valoraron en absoluto que supiesen algo y fuesen capaces de plantearles conceptos que no sabían cómo capear. No valoraron que, a pesar de ser profesionales de otras ramas (y todo lo que ello implica. Vamos, que ignorantes no eran), pudiesen manejarse en otros temas de alta complejidad. 
¿Cuánto sabrían los sí-científicos de las ramas profesionales de esos no-científicos? Puede  que mucho, pero lo más probable es lo contrario (más que nada, por lo que demostraron en cuanto a conocimientos sobre hechos políticos pasados). No valoraban que personas no tan preparadas cómo ellos pudiesen defenderse, no valoraban esa capacidad o esos conocimientos de personas que no han estudiado sus mismas carreras. Y eso es lo que vi, una y otra vez, cómo hacían los ingleses.

¡Rápido!


El Síndrome Inglés consiste en infravalorar a todo aquel que no sepa lo mismo que tú sobre aquello en lo que estás preparado. Ellos lo hacían con el idioma (aunque sepas hablar, no manejas el acento. ¿Qué probablemente ellos no supiesen más de tres palabras en español y tú además  de tu idioma y de defenderte en inglés sabes algo de alemán, italiano, sabes traducir alguna que otra cosilla en latín y conoces un poquito de griego?  Eso no importa, porque ellos saben inglés mejor que tú y por tanto son mejores), lo hacían con el trabajo (aunque este consistiese en hacer hamburguesas. Si ellos llevaban dos años currando en McDonals y tú acababas de empezar, eso no importa. El resultado es que tú no sabes y ellos sí) e incluso lo hacían a la hora de venderte un billete de tren de cercanías o un maldito café.  El Síndrome Inglés es sentirse mejor que los demás, por ejemplo, si tú sabes hacer un tubo con la lengua y otros no (aunque esos otros sean capaces de tocarse la oreja con los dedos de los pies).

Y es que no lo hacían solo con extranjeros o novatos. El Síndrome Inglés no es un concepto social, sino  individualista. Ellos actuaban de ese modo con extranjeros, vecinos o familiares. La idea sería: "Todo el mundo es inferior a mí, hasta que me demuestre que es superior". La equidad -entendida como igualdad tanto como justicia- es algo un concepto marxista que no gusta.

Desde el medievo hasta hoy.


Lo peor para mí es que empiezo a  notar ese Síndrome Inglés en nuestro país desde hace tiempo. Hay personas soberbias, cierto es, otras cínicas, pero hay otras que nunca supe cómo clasificar. Intentando sobrevivir en Inglaterra y ver cómo este Síndrome es más bien un modo de vida, una característica de la personalidad o un concepto aprendido (no bromeo, pues escuché a un niño -de padres españoles- recitar al dedillo :"England is the bottom of the world". Que aunque esta frase se enseñe como ayuda para ubicar el país geográficamente -cosa que tampoco es cierta- siempre transciende) pude etiquetarlas al fin. Piénsalo, seguro que conoces Síndromes Ingleses.

¿Creéis que me he pasado? No, no. No, no, no.  Los ingleses son todo amabilidad y buenas maneras de primeras. Y de segundas también. Pero de terceras ya ves como hay un fuego en su interior que empieza a hervir y que jamás dejarán escapar. Aunque estén cabreados, van a sonreirte. A no ser que estén borrachos (ese es otro tema del que podrían escribirse docenas de libros analizando sus conductas repetitivas), pues la pinta es una necesidad social que te permitirá abandonar un poco ese saber estar bajo la  premisa del "I was drunk". Porque cuando te enfadas, te peleas, gritas, lloras o besas bajo el I was drunk, no pasa nada. La pena es que no pueden reír a borbotones o darse un buen morreo sin estar drunk; o al menos fingirlo.

Siempre recordaré la frase que una chica canaria, a la que conocimos en nuestros primeros días en Manchester, me dijo mientras buscábamos piso: Inglaterra es como una preciosa tarta de barro. A todos nos gusta verla, pero no hay Dios quién la coma.

Obviamente, esta es mi visión del país. Las mejores personas que me he encontrado en el recorrido, con aquellas con las que he llegado a reír e incluso llorar, y aquellas que me llevo en el corazón eran todas extranjeras (Angola, España, Albania,  Bolivia, Estonia...). Tal vez el problema es que me confundí de país antes de emigrar, pero no lo creo. Creo que no valoré bien esos pros y esas contras creyendo que todo era más bonito y limpio por encima de los Pirineos.

¿Un consejo de lo aprendido? Antes de emigrar aseguraos bien sobre si lo que vais a encontrar es lo que estáis buscando (Ojalá yo hubiese leído antes este post: http://www.spaniards.es/wiki/para-los-que-se-plantean-emigrar). Es una pérdida de dinero muy grande para simplemente intentarlo. Eso sí, una ganancia personal increíble. Saber que puedes defenderte en otro idioma, con otra burocracia, en entrevistas de trabajo y relacionándote con gente de todas las nacionalidades es de un valor incalculable. Y encontrar la respuesta a lo que quieres en la vida, ya ni os cuento...

Leer Orgullo y Prejuicio en este lugar fue una grata experiencia. 





10 comentarios:

  1. Palabras sinceras, que entiendo muy bien. Londres está genial cuando vas de turista. Pero como todos los sitios supongo. Otra realidad es intentar encontrar oportunidades.

    Como Paris, la ciudad del amor, de las luces, las apariencias, y los sin techo en cada esquina. No es todo oro lo que reluce. Hasta en unas simples vacaciones te das cuenta de eso.

    Lo bueno es que has viajado, has conocido gente, has decidido lo que querías y lo que no y eso te ha hecho crecer todavía más.

    Ahora, te toca luchar aquí como has luchado allí, y por cosas del karma, o de lo que sea, serás recompensada.

    Porque no puedo dejar de pensar que las buenas personas, limpias de corazón, amables, con sonrisas radiantes siempre en la boca aunque por dentro tengan ganas de llorar, tienen que ser recomepnsadas.

    Un abrazo gigante y sonríe, hay personas como yo que necesitamos sonrisas de personas como tú.

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    1. La sonrisa es algo que me cuesta mucho perder, por suerte siempre he tenido motivos para seguir sonriendo. Y, cómo quién dice, yo viajaba con un seguro de viaje. Siempre tendría un sitio al que volver y desde el que empezar de cero. Si eso no es suficiente motivo para sonreír mucho y cada día, no sé yo qué otra cosa habrá.

      He aprendido a valorar mucho lo que tengo y me da bastante lástima haber tenido que irme tan lejos para empezar a hacerlo. No necesito tantas cosas. Puedo sobrevivir con 1 sola maleta y con César a mi lado ;)

      Un besote y gracias por estar ahí, Rebeka.

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  2. Vaya, Veritas, qué entrada más interesante y útil, sí, puedes estar tranquila con eso. No siempre se aprende de las experiencias propias, sino también de la de los demás. Yo soy una de esas afortunadas con trabajo fijo que no tiene que plantearse irse fuera a ganarse el pan, pero es algo que se plantean muchas de mis amigas, y muchas dejando aquí a su pareja, que sí que tiene trabajo. Es una situación muy difícil, y es cierto que cumplimos con nuetra parte del trato, estudiar y prepararnos, para luego comprobar que ese camino terminaba en un desierto interminable. ¿Cómo va a acabar esto?

    De todas formas, aunque tu experiencia fuera peor de lo que te imaginabas, creo que si no te hubieras ido siempre hubieras tenido la espinita de no haberlo intentado.

    Me quedo con la intriga de saber qué cosas horribles te pasaron para sentir tanto miedo, y más detalles sobre ese hostal de mala muerte, jajaja.

    Besitos y bienvenida a casa,.

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    1. Pues espero que sea útil para alguien, la verdad es que para mí lo habría sido. Aunque antes de irme estaba tan convencidísima de que era la mejor idea del mundo que no estoy segura de que hubiese forma de hacerme cambiar de parecer...

      Siento oír lo de tus amigas, pero diles que se lo piensen bien. La crisis es igual en todas partes y en otros países no tendrán la red de seguridad que puede proporcionar "tu pequeño mundo" (por muy mal que estemos o muy feas que veamos las cosas). Hay que valorarlo todo muy mucho, porque depende de muchos factores (para empezar, la propia personalidad) algo que yo no supe hacer bien.

      Espero que pronto salgamos de esta situación y podamos mantenernos a nosotros mismos con comodidad y tranquilidad. Ya veremos, yo no quiero creerme que vamos a peor :P Tengo fe, no en el gobierno (ni mucho menos...) sino en las personas que saben convertir las crisis en oportunidades.

      No me enrollo más y, aunque te dejo con la intriga de lo que fue algo que en las películas es súper entretenido, me quedo con tu bienvenida y te mando un abrazo enorme ^^

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  3. Yo encantadísima de tenerte de vuelta y creo que esa "ganancia personal increíble" es lo que cuenta :D
    un superabrazo!!!!

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    1. Mil gracias,Mara. Así da gusto volver a casa :)

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  4. Mucha gente idealiza lo de irse a vivir a otro país, es como todo, tiene sus más y sus menos. Lamento que tu experiencia fuera tan dura, pero ese crecimiento personal que has conseguido no te lo va a quitar nadie. Has sido capaz de sobrevivir a eso, así que ya tienes un arma más para enfrentarte con otras adversidades. Como te ha dicho Rebeka, yo no creo exactamente en el karma, pero el corazón me dice que la gente buena termina por obtener su recompensa, así que tarde o temprano la tuya llegará.

    Mucha suerte y un fuerte abrazo : )

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    1. Desde luego, yo era una de esas personas :S Tampoco es que yo crea en el Karma, pero de alguna forma tenía que explicar que pasé de la peor experiencia de mi vida a algunas de las mejores ^^ Un besote y gracias por pasarte y comentar

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  5. No me gustan los ingleses,mucho jijijijajaja y luego son lo peor, si vas de turismo alli se desviven sino son unos cabr....lo siento no me gustan y cuando he leido dos veces tu post, una con mi madre y otra sola, he pensado que se creen el ombligo del mundo pero para mi no valen nada,prefiero los Irlandeses o Escoceses son mas humanos,mas gentiles.
    Siento que hayas tenido que pasar por esto, pero seguro que has venido con una experiencia super enriquecedora y con gente que te ha ayudado para siempre.
    Muchos Animos ;)

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    1. Pues, después de esta experiencia, a mí tampoco me gustan mucho. Y no es por nada, es que en líneas generales no me he encontrado con muy buena gente. Haberlos hailos, ¿no? pero es cierto que tanto escoceses como irlandeses son mucho más cercanos. La verdad es que los escoceses y los asturianos debemos ser primos hermanos, porque zona más parecida nunca la vi :P

      Un besote, María. Gracias por comentar y leer junto a tu mami. :)

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